martes, 29 de septiembre de 2015

Historias a la vuelta de la esquina


El Retorno de los Juglares
                                                                                                                                 Por Eugenio González



Arranca el show. “¡Buenas Noches!” Manu saluda a la doble hilera de autos que espera por la luz verde, se ubica sobre el paso de cebra y empieza a jugar. El malabarista alterna una, dos y tres clavas girando en el aire. Su rutina es armónica y simétrica al comienzo, luego sorprende con trucos disociativos, complejos, caóticos. El tiempo se agota. Atrapa la tercer clava, hace una breve reverencia y avanza por el pasadizo entre las dos hileras de coches. Vuelve sonriente: “Cinco pesos y un nene me saludó” nos cuenta a mí y a Fernando alias Chasca con quien esta noche comparte el semáforo. “El faro”, como le suelen llamar.

Manu ceba mates. Me cuenta que arrojar bien alto las clavas o hacer trucos sofisticados “garpa” pero mucho más redituable es ponerle buena onda y sonreír. “La gente reconoce la complejidad del truco, aunque creo que lo que más valora es la actitud”, comenta Chasca mientras moja sus mazas en alcohol para jugar un rato con fuego.

Manu (22, neuquino) es sensible, inquieto, locuaz. Le pregunto por sus sueños y confiesa su amor por la libertad. Le pregunto por el amor y tímidamente deja entrever su bello conflicto: cómo amarla y al mismo tiempo dejarla ser libre. Le gusta la vida nómade. Ya ha recorrido gran parte de Latinoamérica y su próxima aventura, con destino a Brasil, comenzará en un par de días. Haciendo malabares cubre sus gastos: techo, viáticos, comida, cerveza, alguna bebida espirituosa, etc. También recicla frutas y verduras. Chasca (19) viene de Cultral Có. Es concreto, cálido, alegre. “Y vos Chasca… ¿tenés algún sueño?”. “Mi intención es hacer lo que me gusta. No quisiera llegar a viejo y tener que decir: uyy cómo me hubiera gustado…”.

“Jugar”, así llaman a la actividad, y a los elementos “juguetes”. Los niños detrás del parabrisas lo captan enseguida, sus risas y aplausos son el reflejo de esta expresión lúdico-artística. “Más-peli-groso, más-peli-groso”, cantan los malabaristas simulando el arengue de espectadores exigentes; ríen. Chasca se alista para hacer su rutina con fuego. Luz roja, va. 

Los juglares se van turnando para actuar bajo el faro. Otros colegas pasan y saludan. Llega Nicole con su aro y comparte escenario con ellos. Danza, juega, provoca. Pasa un mago muy sonriente, saluda, deja tres palabras de aliento y sigue su camino para hacer lo suyo en algún lugar a la vuelta de la esquina.






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